De esos sueños que sí cuestan…

Hacían ya alrededor de seis años que no lo veía; desde antes que se mudara a EU. Los nervios me tenían los labios carcomidos. Sabía que tenía novia y la idea de verlo con ella me atormentaba.

Llegó la mañana del día de la boda de mi mejor amiga con mi primo, su mejor amigo y por nada del mundo faltaría. Me encontraba en el lobby del hotel cuando lo vi llegar. Andaba con una maleta y sin una mujer de lado. Nos saludamos con una sonrisa nerviosa, un abrazo y un “¡Tanto tiempo, qué bueno verte!”.

No lo vi hasta la hora de la boda, en el altar, y trataba de no mirarlo mucho porque no quería verme toda nerviosa parada allá arriba.

Me alcoholicé tan pronto comenzó la recepción. Me tocaba dar el brindis y hablar frente a un grupo grande nunca ha sido mi fuerte. Pues me entró una comodidad increíble y lo dije con la mayor convicción. Alzamos las copas de champaña por los recién casados y luego de besarlos, salí a fumar.

Luego de unos minutos, lo vi salir y se dirigió en mi dirección. ¡Qué difícil se me hizo mantener la compostura! Todo porque no se me fuera a regar el rímel.

-¿Me regalas un cigarrillo?-me dijo.
-¿De cuándo acá fumas?
-No fumo. Mi novia fuma y al principio le pedía que no lo hiciera pero ya de nada sirve.
-Pensé que vendría…
-Venía pero le surgió un contratiempo. Siempre está cargada con cosas del trabajo.
-Ah… Pues espero que les vaya bien.
-Nos va, sólo eso, nos va. Ni bien ni mal.
-Lo siento. (Qué mentira, pensé)
-Se ha vuelto monótona la relación. No es lo mismo. No sé, no sé…
-¿Pero la quieres?
-Estuve dos años saliendo con mujeres que a la larga tenía que dejar. Me llevaban al borde de la locura y al tiempo me di cuenta del masoquismo, de estar buscando lo que me desquiciaba y tanto ansiaba pero me jodería… Así que cuando la conocí y vi que no estaba loca, opté por estar con ella.
-No me has contestado la pregunta…
-No la quiero.
-No sé qué decirte.
-No digas nada…
-Okay… Voy a entrar. Te veré adentro.

Ya casi llegaba a la entrada cuando escuché:
She’s not you.

Quedé paralizada y no encontré las fuerzas para mirar hacia atrás. Lo repitió un poco más alto y traté de aguantar las lágrimas, sin éxito. No sé qué significaba aquello, sólo sé que me inundó una confusión terrible. Seguí caminando y escuché sus pasos y caminé más rápido y logró alcanzarme y me agarró por el brazo.
-Te buscaba en cada mujer y te encontraba sin que estuvieras allí. Siempre he sido esclavo a tu locura, pero es que era auto-destructivo y no pude más.
-¿Qué haces?-le grité, llorando atacada.
Y me besó. Compartimos la cama esa noche y me sentí entera.

El sueño acabó ahí, así que no sé qué paso luego.
Una de mis entradas patéticas. Lo siento.

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Masturbar

masturbar a una mujerMe topé con esto y me pareció hermoso.

Ahora digo yo que me encanta masturbar a un hombre:
Ver como al tocarlo, se le relaja el cuerpo y libera tensión, cierra los ojos, a veces los abre, y suspira. Verlo vulnerable y susceptible.
Empezar de manera sutil y erguirlo cada vez más al jugar con él, ir aumentando la velocidad gradualmente. Mirarlo a los ojos mientras los tenga abiertos y que antes de cerrarlos, se le forme una sonrisa coqueta. Que se muerda los labios y al abrirlos, deje escapar un gemido que casi no se escuche. Que la respiración aumente mientras le respiro sobre el cuello, antes de besárselo. Correr la boca por su quijada hasta llegar a los labios, morderlos con suavidad y que nuestras lenguas se acoplen.
Que cuando esté a punto de llegar al clímax, se le contraiga el abdomen, agarre las sábanas y se le curven los dedos de los pies. Me encanta ver y oír como en la venida, parece parar de respirar por un segundo, seguido de gemidos más fuertes. Y que cuando acabe, sonría con debilidad y quede rendido.

Insomnio No.2

A un mes de estar un año sin él y no veo la hora en que lo olvide.
Olvide porque no creo que sea posible; lo recuerdo en todas partes. Debo decir que no veo la hora en que lo supere; mejor dicho, más acertado.
El segundo día de cada mes me pongo así, nostálgica y melancólica y de nada vale.
De nada vale que siga lamentándome y dándole vueltas al asunto. He tratado mil veces pero ya no hay más nada que pueda hacer. Todo está dicho y nada ha cambiado. Es muy probable que nada cambie a estas alturas, por más que lo quiera.
Lo extraño muchísimo y siempre lo querré y no tengo un problema con el hecho de que siempre será así. Sólo que no quiero quererlo de la manera en que lo quiero ahora mismo. Quiero poder recordarlo con alegría, aceptar que aunque terminó, estar con él fue de lo mejor que me ha pasado en la vida, y mirar hacia delante. Me queda toda una vida, quizás.

Perdonen esta entrada tan patética.

El muchacho de “El Mesón Sandwiches”

Frecuento El Mesón Sandwiches porque a pesar de que es una cadena de comida rápida, la comida es mucho más saludable que en los demás “fast foods”. El café es bueno y tienen internet gratis y queda súper cerca de la universidad, por lo cual siempre hay estudiantes en grupos, haciendo asignaciones que le toman tiempo suficiente como para que les dé hambre y se coman algo.

ESTO HA SIDO UN ANUNCIO NO PAGADO.

Hoy fui a intentar hacer un trabajo, que es para mañana, de la clase de estadística con varios compañeros y estuvimos cinco horas allí y aún nos falta por terminar. Francamente, ya no me importa… Estudiar de estadística me acorta la vida. Quizás si hubiese prestado atención las pasadas clases, no estaría tan jodida en estos momentos. Me dediqué a ser un parásito; cantar, bailar y hacer chistes, mientras los demás hacían el trabajo. Y no sé por qué les digo todo esto si no es de lo que quiero hablar en realidad. Perdónenme.

Llegué a las cuatro de la tarde y afuera había un muchacho joven, sentado en la acera, solo. Era un vagabundo. La gente le pasaba por al frente y ni lo miraban. Él parecía haberse rendido porque no se molestaba en pedir dinero.
La verdad es que cuando llegué no le presté atención debido al estrés que tenía. Entré y me senté de tal modo que la ventana me quedaba de lado y siempre que miraba para afuera, lo veía. Trataba de no mirar mucho porque me daba tristeza.
Luego de un rato comenzó a llover y caminó hacia el restaurante pero no entró. La lluvia no duró mucho y cuando lo volví a ver, se había alejado.
En las cinco horas que estuve allí, no me fijé si alguien paró a darle limosna. El pobre tiene que haber pasado hambre… A las nueve de la noche, cuando me iba, me di cuenta que él le pedía dinero a dos muchachas. Bajé la ventana del carro, saqué dos dólares y le pedí a una de ellas que se los diera. El vagabundo se paró y me dio la bendición y las gracias. No creo haber hecho mucho por él. Sólo espero que se haya comprado un bocadillo.

Pienso en él y en lo injusto de la vida y se me ponen los ojos llorosos.
Me siento impotente, pero sé que no tengo los medios para ayudarlo a gran escala.
Ojalá alguien más fuerte que yo saque un momento de su tiempo para sentarse a su lado y hacerle compañía. Que le hable para que, por un momento, no se sienta tan solo y que sienta que vale.
No sé por qué razón o razones terminó en la calle. Lo único que sé es que me entristece que no todo el mundo tenga los mismos recursos para vivir una vida digna.

Los dejo con esta entrada del blog Parpadeando por Rima Brusi. Léanlo, es buenísimo!
http://rimabrusi.com/?p=30

Noche de San Juan

Nunca había ido a la playa en la Noche de San Juan a tirarme de espalda en el agua cuando dieran las doce. No me interesaba porque siempre escuchaba del degenere de la gente, un poco más de lo usual en esa noche. Lo que he hecho en años anteriores es reunirme con amigos a beber y comer de un BBQ. Pero ayer decidí seguir a las masas….
Comencé a beber cerveza desde temprano y más tarde a fumar. Quería aclimatarme a los demás porque dudo que estar allí sobrio, rodeado de gente ebria, hubiese sido muy divertido. Con la puesta del sol y el anochecer, todos nos alocábamos un poco y nos dejábamos ir con la música, fluíamos. De vez en cuando me sentaba en la arena a filosofar con alguien, lo que siempre pasa al beber pero no al punto de estar borracho y la luna, lo bella y lo grande que se veía anoche, propiciaba a eso.
Se acercaba la madrugada y caminamos hacia el mar, todos tan emocionados por pedir algún deseo cuando fueran las doce. Y cuando llegó la hora, corrimos hacia el agua y gritamos y reímos y bebimos y cantamos. Con todo y que habían fogatas prendidas, se nos hacía difícil reconocernos en la oscuridad. Rodeada de cientos de personas, no pensé que me sentiría tan viva. Miré al cielo que se veía tan estrellado, hace tiempo no lo veía así de lindo y di vueltas en círculos, riéndome sola. El que me haya visto habrá pensado que estaba loca y en eso no se habrá equivocado. No pensé y aún no sé por qué me sentía tan feliz. Quizá fue por eso, por que no pensé…

“Melting Pot” vs. “Salad Bowl”

Este semestre, en Psicología Social, la profesora nos introdujo la dinámica que se da en Estados Unidos con los inmigrantes vs. la dinámica que “La Gran Nación” debería adoptar.
Estados Unidos es un “Melting Pot”. A esta nación llega gente de todas partes del mundo, en búsqueda de una mejor calidad de vida. Esta noción les suena ideal… hasta que llegan allí. La crisis a la que se enfrentan muchos inmigrantes es la presión que tienen a conformarse o acoplarse con la cultura y el estilo de vida norteamericano y a la vez no querer desprenderse de sus raíces. Al pasar las generaciones, se pierde poco a poco la cultura original y cada vez más, la familia se ve americanizada. Todo sea para que a cada individuo se le trate por igual… Esto es un grave error. No somos iguales y la variedad que existe entre países es inmensa. Ignorar estas diferencias y medir a todos de la misma manera no es respetar la diversidad. Los Estados Unidos debe aspirar a ser un “Salad Bowl” en el que se encuentra de todo un poco. Lo ideal es que uno se familiarice con las distintas culturas, las respete y las acepte y no las trate de cambiar.

Soy de Puerto Rico, un Estado Libre Asociado con los Estados Unidos de América. Llevamos siendo colonia desde finalizada la Guerra Hispanoamericana en el 1898. Con la americanización cada vez más inminente, cualquiera diría que ya nos sentimos parte de la metrópoli… pero no es así. Muchos de los puertorriqueños nos enfrentamos a una crisis de identidad terrible. Escuchamos música americana; estamos al tanto de la farándula que concierne a los artistas de Hollywood; comemos en McDonald’s y en otros “fast-foods” en vez de ir a una fonda en la cual compras biftec, arroz con habichuelas y tostones por $5; las filas larguísimas en Krispy Kreme en vez de ir a una panadería o repostería que lleva años de años en el pueblo; el Spanglish… No apoyamos lo de aquí, no propiciamos la conservación de la puertorriqueñidad, que cada vez se ve menos.
Ahora… Tomamos Medalla en vez de Coors Light; un jangueo sin Reggaeton no es un jangueo; se nos infló el pecho cuando Carlos Arroyo levantó su camisa, que decía Puerto Rico, cuando le ganamos al “Dream Team”; estamos de acuerdo con que la Navidad en Puerto Rico es mucho más sabrosa, con las parrandas, el lechón asao’ y el coquito; ponemos la mano en el pecho cuando escuchamos “La Borinqueña” y la bajamos cuando escuchamos “The Star-Spangled Banner”…

Y el pueblo votó a favor de la estadidad en el referéndum de las elecciones del 2012…

Por más americanizados que estemos, no logramos acoplarnos con los estadounidenses. Para ellos, en general, somos Latinos del montón, vagos, hacemos mucho bochinche… Pero no todo es malo, porque también llevamos la música por dentro, somos mucho más relajados, hospitalarios… Aquí hay quienes los ponen en un pedestal, y no descarto que tienen muchas cualidades admirables, y hay quienes los consideran fríos, impacientes, y sabes a lo que me refiero.

Este es el único país donde sentir orgullo y amor a la patria es visto, a veces, como absurdo y ridículo… pero maldecimos a quien hable mal de ella.

La crisis del cuarto de vida [parte 1]

En la escuela intermedia, siempre nos decían que la adolescencia no era una etapa fácil, y resultó que los maestros tenían razón. Los mil cambios hormonales por los cuales, en algún punto, nos veíamos rarísimos. La formación de identidad, que en término de 6 años, nos llevó a cambiar los intereses muchas veces y a ser muchas personas. Tratar de formar parte de un grupo y a veces cambiar quien eres para pertenecer. El mirar hacia arriba y querer imitar modelos que para nada nos convenían. Querer desafiar a nuestros padres, beber y fumar a escondidas. Experimentar con el amor, romper corazones y que nos lo partieran. Hacer amistades, perder unas cuantas y darse cuenta de quiénes en realidad son tus amigos. Y el cherry on top, la preocupación de entrar a la universidad.

A los 15, 16, 17 años, uno piensa que perder a un novio es el fin del mundo y que tus padres te quieren hacer la vida imposible cuando les pides permiso para salir a janguear y te dicen que no. Pero es que uno no sabe lo que le espera…

Mirando en retrospección, me doy cuenta de que tuve una suerte increíble. Tuve mis tropezones en la adolescencia y los problemas que tuve, en realidad fueron “problemas” y los hice mucho más grande de lo que eran. Fui una excelente estudiante, no cometí errores serios que me fueran a perjudicar en un futuro, y tuve la suerte de que mis amigos y mi familia siempre estuvieron ahí para ayudarme y apoyarme en lo que fuera. Quizás cuando esté en mis 30 mire 10 años atrás y diga lo mismo que diré ahora, pero es que no sabía lo que me esperaba. Si pudiera darle vuelta al tiempo y volver a ser teenager, lo haría y me lo disfrutaría.

Uno entra a la universidad y aunque, como en mi caso y en el de muchos que conozco, te quede a 10 minutos de tu casa, es un mundo nuevo. Conoces gente de todas partes, de todas clases socio-económicas, de todas creencias y preferencias; conoces gente fuera del círculo de amistades que se parece tanto a ti. Eres un filtro que llegas con unas ideas y sales con otras porque es tanta la gente nueva que pasa por tu vida y te influye de o y manera. Te llegas a conocer aún más y aprendes sobre lo que te gusta y sobre lo que no. Puede que te enfrentes a la presión de estudiar algo que deje dinero y no necesariamente te guste vs. algo que sí te apasione. Puede que no encuentres nada que te apasione… En algunos semestres te irá mejor que en otros y siempre encontrarás clases que te encantarán y otras que detestas. Esto, a mí entender, es un resumen súper general sobre lo que es la vida universitaria.

El problema estriba en la sociedad occidental en la que vivo. El mundo laboral es una competencia, y más con las tasas de desempleo tan altas. Los que tienen suerte, están la mitad de la vida estudiando y la mitad trabajando, aunque casi no les queda espacio para vivirla. Me imagino que en algún momento, hubo quienes comenzaron a estudiar con entusiasmo y esperanzados a lograr cosas grandes en su vida… Y lo más probable, ahora los lunes son los días más tediosos y quisieran quedarse durmiendo cuando suena el despertador por las mañanas, y cuando finalmente se levantan de la cama, lo primero que hacen es rogar por que la semana pase rápido y que llegue el viernes en la tarde. Es triste la manera en la que los sueños se convierten en monotonías.

Vivo en una isla 100 x 35. Me queda tanto por ver y tanto por conocer y tanto por vivir. Pero estoy presionada a salir bien en la universidad y a entrar a escuela graduada, ya decidida respecto a lo que quiero hacer, y voy para mi último año de universidad y aún no sé quién soy, menos lo que quiero hacer por el resto de mi vida.

Quiero y no…

Desde pequeña, mi abuela me ha hecho historias de pretendientes que le llevaban serenatas en la madrugada. Ellos componían la música y le cantaban poesía. Ella se daba sus escapadas y se iba a las tavernas de Santurce a beber y a recitar. Siempre me ha dicho que los bohemios eran su mayor debilidad, hasta que conoció a mi abuelo y quedó eternamente enamorada.
Salí a ella en eso de que me enamoro mucho, pero creo no amar con facilidad, por más que lo he dicho. Mi abuela dice que ella y yo vivimos enamoradas del amor y que siempre solemos ver lo bello en la gente. ¡Creo que queda tan poca gente así! Que aprecien el arte, el sentarse a ver un atardecer… Ya casi no se aprecia la poesía. Recalco que me he enamorado, pero hasta hace poco no conocía a un hombre como los que me describe mi abuela. Mejor dicho, casi no lo conozco… Pero, ¿qué me ha hecho? No lo sé.
Quiero un bohemio. Que me toque guitarra, que bebamos vino a oscuras y que me hable del arte, de lo mucho que nos queda por ver y por vivir. No quiero amarlo… Siempre he pensado que hay que tener cuidado con ellos, ya que tienen ese poder sobre uno que no muchos tienen, porque se ha perdido el mirar a los ojos y se ha perdido lo romántico y la poesía. Quiero un par de labios que no me valga. Quiero, por un instante, rendirme ante unos brazos que me hagan olvidar y que me alivien de este mal con el que cargo a diario. Que en las luces apagadas me desgarre, y también la ropa. Quiero un cuerpo en el que me pueda sumergir y no pensar en el vacío que me espera cuando llegue a la casa y me encuentre sola en la cama.
Quiero, pero sé que no debo.

Insomnio No.1

Sufro de insomnio, o mejor dicho, me lo inflijo. No logro remediar el torbellino de pensamientos y emociones que tengo en la mente y la verdad es que la gran mayoría de las veces, ni trato. Me gustaría pensar un poco menos, sentir aún menos. Quiero vivir más y no sé cómo hacerlo. Salir de mi cabeza de vez en cuando. Quizás dejar las costumbres que me acortan la vida, tales como beber, no dormir, fumar, no comer… Y más letal aún, el estrés, el miedo, la tristeza, el enojo… Sé lo que no es vida, pero no sé lo que es vivir.

Mi hermano me dice, constantemente, que yo no vivo y pensar eso me asusta. He llegado a la conclusión de que cada persona tiene una idea diferente sobre lo que es vivir. Para muchos, la vida es de excesos; de hacer las cosas sin pensarlas, de arriesgarse y hacer locuras sin considerar las posibles repercusiones. ¡Para mí esto no es vivir! Esto es, en todo caso, llamar a la muerte; sí, supongo que puede sonar un poco exagerado.

Al parecer, solamente existo. Existo porque no me gusta salir a la calle a pararme frente a un local, mientras me bebo una cerveza, rodeada de gente que no conozco y que, honestamente, no me interesa. Existo porque prefiero beber sentada en un sofá de alguna casa con mis mejores amigos y hablar de todo un poco. Existo porque prefiero quedarme toda una tarde leyendo algún libro de esos que tengo anotados en una lista. Existo porque no disfruto de la soltería de la manera que lo hacen aquellas que buscan escapar su soledad refugiándose en los brazos de algún desconocido. Existo porque pienso y siento demasiado. Rara vez vivo el presente ya que recuerdo mucho el pasado y le tengo terror al futuro.

“Homicidio”

Te me acercas y el tiempo se detiene en ese momento en que la mirada es quien habla
Sin decir palabra alguna, tu boca se posa en la mía
El mundo desaparece y me pierdo al son de tus labios
Baile que termina en guerra
Guerra que poco a poco acaba conmigo
Hasta que me doy por vencida y me entrego
Tu lengua es opio que me nubla los sentidos y me lleva a la locura
Pierdo toda sensatez y es que es tan necesario perder, de vez en cuando, la cordura
Tus manos me desgarran, a la vez que recorren mi cuerpo
Me enardeces y me siento nueva, entera… Me siento viva
Pero tus ojos hechiceros, tu boca que es veneno y tu tacto desarmante, me destruyen
Eres mi debilidad
Amarte me lleva a la muerte y eres tú mi asesino
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